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PARIR

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Yo quería parir. Quería sentir las contracciones, descubrir  el camino que recorría Mica para encontrarse conmigo. Quería gritar al sentir y sentir al gritar.

Durante 9 meses preparé mi respiración, amplié mentalmente mi umbral de dolor y practiqué posiciones cómodas. Piernas dobladas, torso levantado, cuclillas, acostada; di vueltas y más vueltas buscando la mejor manera, la más certera para traer al mundo a mi beba.

Fui al control y mi panza era un gran planeta color verde agua (si, recuerdo cómo iba vestida). Saludo de rutina, balanza, un poco de charla con mi ginecóloga de toda la vida y obstetra desde hace unos meses.

El tensiómetro indica más de lo normal. Me acuesto de costado. Medimos nuevamente. Me acuesto del otro costado. Medimos nuevamente. Me levanto, giro, me levanto giro.

“Mica nace hoy. Tenés la presión alta y no baja”

“¿Presión alta?”, pensé. Si cuando iba al colegio caía desmayada en medio de los actos por estar parada tanto tiempo, si mi mamá me daba un sobre de azúcar para la mochila por si me bajaba la presión.

“Anda a tomarte un té, no te inyectes y  a las cinco de la tarde te encontrás con Roxana, la partera”

Me subí a un taxi. Llamé a mi papá, a mis hermanos y a mi mejor amiga. Fue el viaje más largo a mi casa. Preparé lo que faltaba del bolso y me duché. Me senté envuelta en la toalla mirando la nada, imaginando todo aquello que ya había imaginado pero que ahora lo veía más cercano, más real.

Cuando llegué a la clínica estaba Roxana esperándome. Me revisó. No tenía dilatación, no tenía contracciones pero sí tenía la presión alta.

Mica estaba diez puntos. Sus latidos parecían resonar en el ambiente y sus movimientos eran perfectos, danzantes.

“Esperemos un poco así logramos ese parto que tanto querés”, dijo mi obstetra.

En una sala de preparto esperé doblarme de dolor con las contracciones y desgarrarme en alaridos, pero no.

“Fue un embarazo muy cuidado. La presión no baja. Vamos a seguir cuidando”´.

No recuerdo con exactitud cuántas personas había en el quirófano. Sentí miedo, temblaba y se me salía el corazón, que galopaba sin rumbo. “Es la anestesia”, me dijeron.

Por arriba de una cortina, que separaba mi cuerpo a la mitad,  vi pasar mis piernas de un lado a otro sin darme cuenta de que alguien las movía. Dos minutos más tarde, un olor intenso se impregno en el lugar y ví asomar una pequeña cabeza roja. “Pelirroja como tu mamá” dijeron.

La acercaron a mi cara, toque su piel con la mía, vi sus ojos abrir y cerrar, mirarme y le hablé. Le dije algo que solo nosotras dos sabemos.

 Vino a mi pecho, sentí su calor, ese contacto piel con piel único, ese que aventura el apego. Buscó hambrienta su alimento y se lo di

 22.04 nació Mica. No pujé, no grite, no sentí dolor pero sí parí.

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